OPINIÓN: ¿Desfile del Bronx, o Desfile del PRM?
Por Jhonny Trinidad
Cada verano, Grand Concourse se viste de bandera tricolor. Bachata, merengue y el orgullo dominicano toman la avenida. El Desfile Dominicano del Bronx debería ser el día en que la diáspora se encuentra sin colores partidarios. Pero este año algo cambió en el aire. Las gorras y camisetas azul y blanco del PRM dominarán cuadras enteras.
Los contingentes oficiales marcharán con funcionarios de Nueva York y de Santo Domingo confundidos en la misma tarima.
Los discursos desde la carroza principal hablarán más de logros de gobierno que de Duarte, Sánchez y Mella.
Un desfile cultural no tiene que ser apolítico. Tiene todo el derecho a exigir TPS, denunciar redadas o pedir más inversión en educación. El problema aparece cuando el partido de turno convierte una celebración de identidad en un mitin de campaña anticipada.
Los organizadores dirán que el PRM fue quien más patrocinó y más gente movilizó. Es cierto. Pero el riesgo es claro: si cada cuatro años el desfile se pinta del color del Palacio Nacional, deja de ser patrimonio de todos los dominicanos en Nueva York. Se vuelve un activo electoral.
El PLD lo hizo en su momento. El PRD también. La diferencia es que ahora la maquinaria es más descarada y la diáspora está más polarizada.
El resultado: dominicanos que no son perremeístas se sienten invitados de piedra en su propia fiesta.
La solución no es vetar a los partidos. Es poner reglas. Tope de propaganda partidaria. Espacios iguales para todas las fuerzas políticas. Y una junta de organizadores que responda a la comunidad, no al consulado de turno.
El Desfile del Bronx nació para honrar a Juan Pablo Duarte, no a ningún presidente. Si queremos que sobreviva otra generación, hay que devolvérselo a la gente. Porque cuando la bandera de la República Dominicana se confunde con una bandera partidaria, todos perdemos.
Si el Desfile quiere seguir siendo relevante para la próxima generación, necesita reglas claras hoy. Para ello se requiere:
Despartidizar la tarima: Limitar el tiempo de discurso a funcionarios electos y prohibir logos partidarios en carrozas oficiales. La política migratoria y consular se discute, la propaganda no.
Financiamiento transparente: Publicar quién paga qué. Si el PRM, el PLD o Fuerza del Pueblo aporta, que quede en acta. Y que haya un fondo comunitario que equilibre la balanza cuando un solo partido quiera comprar el desfile.
Cuota cultural obligatoria: Cada contingente con políticos debe incluir una escuela de música, un grupo folklórico o una junta de vecinos. Si no hay cultura, no hay carroza.
Rotación de la directiva: Que el comité organizador no sea nombrado por el consulado de turno. Elección cada dos años, con voto de las asociaciones dominicanas registradas en el Bronx.
SOBRE EL PADRINO
El Padrino del Desfile tiene que representar a la comunidad, no a un partido. Yulín Mateo es un cuadro orgánico del PRM. Su trabajo político es legítimo, pero eso no lo convierte en líder comunitario.
El desfile nació para celebrar la dominicanidad en Nueva York, sin importar si votas PLD, FP, PRM o si no votas en República Dominicana. Nombrar a un dirigente activo del partido de gobierno manda el mensaje equivocado: que la tarima es extensión del Palacio Nacional.
Un Padrino debe tener años de servicio probado en El Bronx: ligas deportivas, bodegas que dan crédito, iglesias que reparten comida, centros culturales, defensa de inquilinos.
El currículo de Mateo está en la política partidaria, no en las 170, en Tremont, ni en Grand Concourse los domingos.
Si hoy el Padrino es del PRM porque gobierna, mañana será del PLD o de la FP por la misma razón. El desfile pierde credibilidad y se convierte en botín electoral. La comunidad termina viendo la parada como un acto oficialista, no como su fiesta.
HAY MEJORES OPCIONES
El Bronx tiene médicos que atienden sin seguro, maestras que montan programas de lectura en verano, bomberos dominicanos, dueños de pequeños negocios que fían la compra. Esos son los verdaderos padrinos del barrio. Gente que no responde a una línea partidaria, sino a la necesidad del vecino.
Si el comité organizador quiere recuperar la confianza, debe separar partido y comunidad.
Yulín Mateo puede desfilar, puede apoyar, puede incluso financiar una carroza del PRM como cualquier otro grupo. Pero el título de Padrino le queda grande, porque no se lo ganó en la calle.
El desfile es de todos. El Padrino también debe serlo.
La diáspora dominicana en Nueva York pasa de 800,000 personas. Sus hijos nacieron aquí, hablan spanglish y votan en elecciones americanas. Si el desfile se reduce a un acto del partido gobernante, esos jóvenes no van a marchar. Se irán al Puerto Rican Day Parade o a ninguno.
El futuro del desfile depende de una pregunta simple: ¿Para quién es? Si la respuesta es “para todos los dominicanos”, entonces hay que sacarlo del calendario electoral. Si la respuesta es “para el gobierno”, entonces cambiemos el nombre de una vez: Desfile del PRM, edición Bronx.
La bandera no tiene partido. El desfile tampoco debería tenerlo.

