Del plato a la tiroides: qué alimentos se convierten en tus aliados y cuáles actúan como silenciosos saboteadores

Un experto explica cómo la alimentación y el eje intestino-tiroides pueden reducir la inflamación y mejorar tu bienestar si padeces tiroiditis de Hashimoto

Ni la alimentación sustituye el tratamiento de la tiroides ni hay un ingrediente que la pueda hacer funcionar mejor. Lo que sí muestra la ciencia es que la alimentación puede modificar el entorno donde ocurre la enfermedad, puede reducir la inflamación, mejorar la función tiroidea y apoyar el equilibrio del sistema inmune.

El doctor en Ciencias de los Alimentos, Víctor Manuel Zamora Gasga, explica que el consumo de ciertos alimentos no cambia la enfermedad directamente, pero sí cambia el terreno donde esa enfermedad se desarrolla.

Así es como funciona realmente tu tiroides
Para entender la importancia de la alimentación para el mejor funcionamiento de la tiroides, es clave comprender, como lo explica el experto, que en condiciones normales el sistema inmune identifica amenazas reales, pero “en Hashimoto se equivoca y empieza a atacar a su propia tiroides”.

A nivel biológico, esto se traduce en anticuerpos como anti-TPO que actúan en el tejido tiroideo, disminuyen hormonas como T3 y T4 y elevan la TSH intentando compensar.

Estas hormonas tienen funciones específicas:

T4 o tiroxina: Es la forma de almacenamiento, una de las que circula en sangre.
T3 o triyodotironina: Es la forma activa, la que realmente entra a las células y regula funciones como tu metabolismo, tu temperatura corporal, tu energía e incluso cómo late tu corazón y cómo funciona tu cerebro.
TSH: Es como el jefe de producción, una señal que le dice a la tiroides cuándo debe trabajar.
Cuando hay poca T3 y T4, la TSH sube para intentar compensar.

El vínculo secreto entre la microbiota y la tiroides
Los problemas comienzan en el llamado eje intestino-tiroides. El intestino funciona como una aduana; solo debería dejar pasar nutrientes bien digeridos, pero cuando hay inflamación intestinal, esa barrera se vuelve más permeable, como si los filtros de seguridad dejaran de funcionar correctamente.

Esto genera que comiencen a pasar moléculas como los lipopolisacáridos bacterianos que activan alarmas inmunológicas. “Esto activa células inmunes como las TH1 y las TH17, liberando citoquinas inflamatorias que pueden llegar hasta la tiroides y empeorar el daño. Y aquí entra lo que comes todos los días”.

Los alimentos que sabotean tu salud tiroidea
Una alimentación donde predomina el consumo de azúcares refinados, ultraprocesados o grasas trans favorece la inflamación, altera la microbiota y empeora la respuesta inmune.

Por el contrario, hay alimentos como el pescado, la avena, las nueces, las legumbres y los vegetales que pueden ayudar al mejor funcionamiento. Si imaginamos que la tiroides es una fábrica, para producir hormonas necesita materia prima y herramientas:

El yodo: Forma parte estructural de la T3 y la T4 y se encuentra en pescados o mariscos.
El selenio: Ayuda a convertir la T4 en T3 activa; está en alimentos como la nuez de Brasil o el pescado.
El zinc: Permite que las células respondan correctamente a la T3; se puede obtener de semillas como las de calabaza o de legumbres.
El hierro: Es necesario para la síntesis hormonal; está en carnes o lentejas.
Se trata de nutrientes aliados para que la “fábrica” tenga la maquinaria completa para funcionar bien.

Claves nutricionales para controlar la inflamación
Otro factor clave para mejorar el funcionamiento de la tiroides es controlar la inflamación. Es entonces cuando se debe garantizar el consumo de alimentos que funcionan como reguladores:

Los pescados: El salmón o las sardinas aportan omega-3, que ayuda a reducir la inflamación.
La avena, los frijoles y la manzana: Aportan fibra, que alimenta bacterias buenas en tu intestino y favorece la producción de compuestos antiinflamatorios.
Frutos rojos, café y té: Contienen polifenoles que actúan como antioxidantes, protegiendo a las células del daño.
Vitamina D: Se puede obtener del sol o de alimentos como el huevo o el pescado, y ayuda a regular la respuesta inmune, actuando casi como un director de orquesta que evita que el sistema se descontrole.

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