Santo Domingo.-Aprovechando el tumulto de comparadores que se dan cita en la emblemática avenida Duarte, especialmente durante la temporada de Navidad, cientos de vendedores informales han invadido aún más, importantes intersecciones a todo lo largo de esa arteria comercial.

La Baltazara de los Reyes con la avenida Duarte y Hermanos Pinzón, así como la Ana Valverde y 27 de Febrero con Teniente Amado García contrastan hoy con la remozada París, ante el desorden que se conjuga en esos tramos.

Peatones aturdidos

Tarantines limitan el paso a los peatones a caminar por aceras y entrar a tiendas. JOSé DE LEóN.

Entre los bocinazos de vehículos, parlantes de vendedores que ofertan calzoncillos y pantalones al mejor postor, putrefactas aguas de las alcantarillas tapadas y al acecho un caldero casi repleto de aceite en ebullición, el transeúnte, en su afán de adquirir artículos a bajos precios, obvia haber llegado a ‘tierra de nadie’.

Una vez en el entorno, el peatón, sin saberlo pierde el derecho a caminar libremente por las aceras; puede ser víctima de robo y se expone hasta a ‘una asfixia o congestión respiratoria’ al inhalar el constante monóxido y gas licuado de petróleo que despiden los vehículos ‘a cero milla’, ante la imposibilidad de desarrollar una velocidad normal.

“Esto es una locura, vine con la idea de conseguir algunos regalos baratos y me arrepiento, aún en la Duarte con París y el Barrio Chino es estresante”, reaccionó Juliana Crisóstomo, residente en el Café de Herrera.
“Está horrible esto, de haberlo sabido me quedo y no vengo a comparar nada”, comentó Robert Pérez quien vino desde Azua por las ropas de sus familiares.

Permisividad
Una buena parte de los vendedores informales, establecidos allí se ha abrogado el derecho de ocupar los espacios peatonales, los cuales toman para exhibir muebles, ropas en maniquies, improvisados salones de belleza en los que colocan cabellos postizos, frituras y otros.

Ese panorama reduce a un carril la transitada vía y a un trillo las aceras, donde colocan carpas techadas con lonas y cartones que han dañado por completo la visual de esos espacios.

Un denominador común son los desechos tirados sin control.

Al margen del desorden, vendedores como José Luis Marchena, afirma que las ventas están por el suelo y que este miércoles habían pocos tapones.

“Aquí solo se vendió algo el 24 y 25, después no se ha vendido más nada”, enfatizó Marchena quien afirmó que el Cabildo no les cobra, pero pagan en patio entre 50 y 75 pesos diarios para guardar la mercancia, ya que vive en el barrioMejoramiento Social.

Al igual que él, muchos pagan RD$400 semanal para guardar sus mercancias, que producen y llevan allí como es el caso de Jenifer Guzmán que lleva un año en la Manuela Diez.

Un buen grueso se apostó en el lugar “de forma provisional”, y rehusan hablar por temor a ser acosados.
“Vendo hasta quince mil diario”, dijo Naike Veloz.
Diversidad
José Antonio Méndez, presidente de la Asociación de Buhoneros del Distrito Nacional (Abudina) dijo que los puestos de mercancias se han diversificado no solo en esa zona sino en toda la ciudad.
“Quizás por eso no ha llegado el flujo de personas que esperábamos, pero de todos modos han sido favorables”, añadió Méndez satisfecho de la nueva Duarte con París donde fueron ubicados más de 150 vendedores.

Negocio

— Oportunidad
La Alcaldía del Distrito Nacional informó que no les ha dado permiso ni cobra arbitrio a los ocupantes, razón por la que tal vez muchos se congregan a la espera de ser reubicados ante promesas de nuevas intervenciones.

Desorden opaca las mejoras de la zona
Rescate. La Duarte ha sido objeto de varias intervenciones, por el exalcalde Roberto Salcedo, que abarcó desde la París a la México y la creación del Barrio Chino.

Igual la última, que apenas lleva un año, generando gran expectativa por tratarse de una recuperación y organización urbana que cambió ‘el rostro’ a la zona.

Esta fue impulsada por la Fundación Acción, Emprende y Transforma, que lidera David Collado, ministro de Turismo y la alcaldesa Carolina Mejía.

La obra implicó una inversión de RD$120 millones, financiada por los empresarios Juan Vicini y Ligia Bonetti.

En la entrega, el presidente Luis Abinader dijo que, terminada la intervención, utilizaría el mismo modelo para hacerla extensiva en todo el país.

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